La labor pedagógica para formar y educar en los niños una cultura de los valores y un comportamiento activo en su cumplimiento, es una tarea bien compleja que requiere de variadas vías de la labor educativa, máxime considerando que se trata de una educación; es decir, la formación en el niño o la niña de rasgos, actitudes, valores, entre otros aspectos, que van a ser parte integral de su personalidad, y no de la enseñanza de simples nociones, conocimientos o habilidades que se expresen en un plano simplemente conductual, sin formar parte a su vez de su mundo afectivo y motivacional. Ello supone considerar muchas cuestiones, tanto referentes a su desarrollo como a la manera en que asimilan los conceptos y normas, así como del enfoque que se ha de aplicar en la realización de las actividades pedagógicas dirigidas al propósito de educar dichos valores.
Al tomar en cuenta tantos y tan diversos aspectos del desarrollo, que en su esencia constituyen formaciones psicológicas de la personalidad, no es posible actuar directamente en la estructuración de los valores, tal como sucede en la formación de las capacidades o la motivación, sino que es obligatorio llevar a cabo actividades diversas bien organizadas y concebidas metodológicamente, que permitan que los pequeños se orienten por sí mismos en su realización, lo que crea una base de ordenación que se transfiere a cualquier otra actividad semejante, y que progresivamente va conformando la formación psicológica dada, dependiendo de lo que se pretenda formar; en este caso, una formación y educación de valores.
La educación en valores, de lo que tanto está necesitada nuestra sociedad, es algo más que un eje transversal. Hay que buscar actividades que formando habilidades, hábitos, conceptos, nociones y vivencias den como resultado la formación del valor. Ello lo conseguiremos mediante actividades bien organizadas y concebidas metodológicamente, que permitan que los niños se orienten por sí mismos en su realización, base de orientación que se transfiere a cualquier otra actividad semejante, y que progresivamente forma la capacidad, el motivo o el valor en dependencia de que es lo que se pretenda formar.
“Desde el nacimiento, los niños participan de relaciones con los adultos más significativos de su entorno. Y a partir de estas relaciones comienzan a conocerse, conocer al mundo y a los otros. Así se van constituyéndose como sujetos en un proceso de identificadores múltiples con personas, con lenguajes, con formas culturales de relación consigo mismo y con los otros, con visiones del mundo y de su entorno atravesadas por valores y normas. La construcción de identidades se produce en y por la convivencia en un contexto social, desde una interacción entre sujeto y mundo social”. (Diseño Curricular de educación inicial, Pcia. de Córdoba)
Desde los distintos enfoques a través de la historia, se han ido dando concepciones tradicionalistas y fundamentalistas. Posicionándonos en el pensamiento del filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804) donde da a la racionalidad moderna la tarea de ampliarse hacia un fin práctico, planteando una ética deontológica; es decir “el deber es el reconocimiento de una coacción que se impone a priori. De tal manera, para este autor hay una ley moral universal que funda la vida moral, cuyo centro es el deber. El deber indicaría entonces, lo que es correcto, la forma adecuada de proceder ante una situación determinada, todo deber implica una obligación, en ella está inserta una buena voluntad: “nos ha sido concedida la razón como facultad práctica, como una facultad que debe tener influjo sobre la voluntad…. Esta voluntad no ha de ser todo el bien ni el único bien, pero ha de ser el bien supremo y la condición de cualquier otro, incluso del deseo de felicidad” (Kant 1995:57).
También es importante destacar que la gran contribución del pensamiento Kantiano ha sido el hecho de relacionar la moralidad con lo universal, lo que tiene importantes repercusiones en la educación en valores. No cabe duda que la propuesta de educación en valores como construcción dialógica de la personalidad moral, considera varios elementos de la ética Kantiana, partiendo por la relevancia que da el perfeccionamiento de la Autonomía, que para Kant es el fin de la educación moral, la salida del hombre de la capacidad de valerse del propio intelecto y conciencia moral.
Archivos: Prácticas educativas
2011 13 Sep
Valores en el nivel Inicial
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2010 2 Oct
Desde la reflexión
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Hola a todos. Me llamo Mariela Parma y soy docente de preescolar desde ya hace 25 años!! Muchos no? Desde mis inicios, he priorizado en primer lugar mi familia, en paralelo mi carrera.
Desde la convicción de que un educador debe ser inquieto, organizado en su formación profesional, un sujeto activo y participativo que privilegia la reflexión y análisis de lo cotidiano, implicado y comprometido en el proyecto Institucional, considero la idea de que las cuestiones educativas requieren ser pensadas y repensadas constantemente, no estimulando el animismo infantil, sino trabajar reflexionando sobre sus saberes y prácticas.
